Un informe elaborado por la ONG israelí Breaking the Silence (Rompiendo el Silencio) basado en testimonios de soldados que participaron en la masacre de Gaza -entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero- deja en evidencia que se cometieron atrocidades como el uso de civiles como escudos humanos, la entrada a sangre y fuego en casas sin tener miramientos por sus habitantes o el uso de fósforo blanco, una sustancia prohibida.
La difusión de testimonios de soldados israelíes que participaron en la masacre de Gaza entre el 27 de diciembre de 2008 y el 18 de enero ha vuelto a dejar en evidencia los métodos brutales que emplea el Ejército sionista y el racismo del que hace gala. Estos testimonios destacan, por ejemplo, que se emplearon a civiles palestinos como escudos humanos y que los oficiales les dieron instrucciones para disparar sin preocuparse de las consecuencias.
La ONG israelí Breaking the Silence (Rompiendo el silencio), que agrupa a ex soldados que denuncian la brutalidad con la que actúa el Ejército contra los palestinos, hizo público un informe en el que destaca que «las prácticas aceptadas en el seno del Ejército han conducido a un ambiente permisivo en la escala de mando, que permite a los soldados actuar sin ninguna clase de dudas morales».
Según el informe de Breaking the Silence, esta situación ha provocado que «se hayan destruido cientos de casas y mezquitas sin que fueran objetivos militares, se haya empleado fósforo en dirección a zonas habitadas, la muerte de víctimas inocentes empleando armas ligeras y la destrucción de propiedades privadas».
Este informe está basado en el testimonio anónimo de 54 soldados israelíes que tomaron parte en la masacre de Gaza.
«Los testimonios son una prueba de la manera inmoral en la que se llevó a cabo la guerra responde a los sistemas establecidos y no a actitudes individuales de los soldados», afirmó Mikhael Manekin, de Breaking the Silence.
El Ejército lo niega
El Ejército israelí rechazó estas acusaciones, afirmando en un comunicado que, según sus propias investigaciones, «está claro que los soldados de las Fuerzas Armadas israelíes han operado de acuerdo con las leyes internacionales y con las órdenes que recibieron, a pesar de que combatieron en condiciones difíciles y complejas».
Junto a ello, los militares añadieron que «la mayoría de los testimonios son anónimos y carecen de detalles que permitan al Ejército investigar, confirmar o rechazar estas acusaciones».
Entre los testimonios, figura el de un soldado que cuenta cómo los civiles palestinos fueron utilizados como escudos humanos en casas consideradas como sospechosas.
«En cada casa a la que nos acercábamos, enviábamos a los vecinos dentro», dijo.
En otro testimonio, un soldado afirma que su oficial le explicó que «en ocasiones, las fuerzas [israelíes] entran en un lugar colocando el cañón del fusil sobre el hombro de un civil, avanzando en una casa y utilizándolo como escudo humano».
Según los soldados, las instrucciones eran de disparar primero y preguntar después. «No hemos recibido instrucciones de disparar sobre todo lo que se movía, pero si que, en general, nos decían `si sentís que estáis en peligro, disparad’», afirmó uno de ellos.
Se trata de la segunda ocasión en la que el Ejército israelí tiene que hacer frente a acusaciones que provienen de sus propias filas tras la matanza de Gaza. En marzo, soldados revelaron que civiles palestinos indefensos murieron durante la ofensiva, pero estos testimonios fueron rechazados por el Ejército, que concluyó que estaban basados en rumores.
A pesar de este desmentido, numerosas ONG israelíes reclaman una investigación independiente sobre lo sucedido en Gaza.
En otro informe publicado en julio, Amnesty International acusó al Ejército israelí y a Hamas de «crímenes de guerra», afirmando que los militares sionistas «no distinguieron entre objetivos civiles y militares» y que emplearon a civiles, niños incluidos, como escudos humanos.
Según el balance de los servicios médicos palestinos, la ofensiva israelí provocó más de 1.400 muertos y 5.000 heridos palestinos.
Barak: «Somos los más éticos»
El ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, pidió ayer a los soldados que tengan cualquier crítica, información o reservas sobre la conducta del Ejército que acudan directamente a él en lugar de contarlo a organizaciones independientes.
«Las críticas dirigidas contra el Ejército por parte de una organización u otra son inapropiadas. El Ejército israelí es uno de los ejércitos más éticos del mundo y actúa de acuerdo con el más alto código moral», señaló Barak en declaraciones recogidas por el diario «Yediot Aharonot».
Yehuda Shaul, responsable de Breaking the Silence, destacó que la ofensiva contra Gaza «fue la primera vez que el Ejército israelí aplicó un auténtico sistema de guerra contra civiles». Antes de entrar los soldados, la aviación bombardeaba los lugares a invadir, a continuación la artillería disparaba sus obuses y luego entraban los tanques. Todo ello, ocurría en zonas pobladas por civiles. «Esta era la única manera de tener pocas bajas», añadió Shaul.
El reservista Amir es el único soldado que ha querido dar su nombre. «Estuvimos una semana de maniobras antes de la invasión y enseguida nos dimos cuenta de que no era una campaña como las demás, sino una guerra. Se nos permitió disparar contra todo y esto convirtió la operación Plomo Fundido [nombre que el Ejército israelí empleó para designar la masacre] en algo distinto».
En cualquier caso, los soldados que aparecen en el informe de Breaking the Silence no se manifiestan en contra de la necesidad de la operación contra Gaza, justificada por Israel como un medio de hacer frente al lanzamiento de cohetes artesanales desde este territorio palestino, sino que rechazan actuaciones específicas. Dos soldados, por ejemplo, denunciaron la orden de un superior de matar a un palestino que caminaba por una carretera y que no suponía ningún peligro para nadie.
Otro soldado afirma que uno de sus superiores, durante una arenga, les dijo que «los mejores traductores de árabe son las granadas» y que en los días previos rabinos distribuyeron textos en los que comparaban a los palestinos con los filisteos de los tiempos bíblicos.
Extraído de Rebelión.
¿Hasta cuándo va a permanecer impasible la Comunidad Internacional ante las actuaciones del fascismo sionista?
¡¡BASTA YA!!

Muy peligrosa se revela la situación en el Estado español. Resulta que el alcalde de Bilbao, perteneciente al PNV, junto con el apoyo de IU ha decidido vetar la actuación de unos payasos muy queridos por los niños en Euskadi, meramente por motivos ideológicos. Se trata de los payasos Pirritx y Porrotx.
La periodista Olga Rodríguez nos cuenta en su magnífico libro “El hombre no teme la lluvia” (Debate, junio 2009) la historia del bloguero egipcio Kareem el Behirey, nacido en 1983. Vale la pena conocerla para compararla con otra bloguera que, según nos cuentan los medios, vive acosada y perseguida por el gobierno cubano, Yoani Sánchez.
Tras el golpe de estado militar que elevó a Micheletti al poder en Honduras, ha habido una constante en la vida política del país. Esa constante es, a parte de la represión, el impedimento total de que los medios muestren la realidad en Honduras.
Ante este cerco, el pueblo hondureño ha sido capaz de evitar la censura golpista y ha creado “Tele-Golpe”, un canal en internet donde, mediante vídeos grabados mediante teléfonos móviles, pueden mostrar al resto del mundo la cruel represión a la que se someten. De hecho, en la marcha del domingo fueron algunos miembros de esta iniciativa los que alertaron a los medios internacionales de que se habían producido dos muertos.
Ante lo ocurrido en Honduras, voy a intentar analizar la situación en el país a consecuencia de la consulta popular que Zelaya planeaba hacer a su pueblo.
El Presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue secuestrado por fuerzas del Ejército quienes se lo llevaron del Palacio del Gobierno este domingo, justo cuando se iba a realizar una consulta no vinculante en torno a la realización de una Asamblea Constituyente, según ha informado su secretario privado, Eduardo Enrique Reina.
Muchas fueron las cárceles que alojaron en su interior a los miles y miles de presos antifranquistas durante la época de la dictadura. Quizá, la más famosa sea la cárcel de Carabanchel. Fue construida por orden de Franco durante la década de los cuarenta, usando a los presos políticos como mano de obra barata y esclava para su edificación. En ella fueron torturados y asesinados diversos militantes antifranquistas, y personas como Marcelino Camacho y Nicolás Redondo, antiguos dirigentes de CCOO y UGT respectivamente, estuvieron presos en sus celdas. En Carabanchel pasaron también sus últimos días los miembros del FRAP Xosé Humberto Baena Alonso, Jose Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz, últimos ejecutados por el franquismo y cuya muerte causó una ola de rechazo y repudio internacional contra el régimen. Nombres muy conocidos como los de Fernando Sánchez Dragó, Enrique Múgica, Gila, Fernando Savater o Jose María Ruiz Gallardón (padre del alcalde de Madrid) también conocieron la cárcel desde dentro.
En julio de 2008 el Ministerio del Interior acordó con el Ayuntamiento de Madrid el derribo de la cárcel para la construcción de pisos, zonas verdes y un hospital. Esto no sentó nada bien a los vecinos, que demandaban la construcción de servicios públicos en el terreno, así como la conservación de las zonas más emblemáticas de la prisión. Así mismo, asociaciones vecinales por la recuperación de la memoria histórica solicitaban la creación de un Centro para la Paz y la Memoria en la antigua cárcel. A pesar de estas reivindicaciones vecinales, el derribo de la cárcel de Carabanchel se produjo, y a día de hoy solamente queda el antiguo hospital penitenciario reconvertido en el CIE, Centro de Internamiento de Extranjeros para la detención de inmigrantes sin papeles.
Como objetivo de la lucha por la construcción del Centro para la Paz y la Memoria, se colocaron en la valla del solar unos carteles que conforman el Memorial de la cárcel de Carabanchel, con el nombre de más de 600 presos que fueron víctimas de la represión franquista, y en el que estamparon su rúbrica algunos presos todavía vivos, como Marcos Ana o Mequesidez Rodríguez.
El lunes día 22 de junio, el Memorial fue atacado por quienes intentan a día de hoy despreciar la memoria de todas aquellas personas que lucharon por un mundo más justo y mejor, y que sufrieron la horrible represión del franquismo a consecuencia de ello. Aunque no se sabe quiénes fueron los autores materiales del destrozo, no cabe duda de que los responsables son los defensores de los tiempos más negros de nuestra historia.
Como era previsible, la derecha institucional y sus medios de comunicación arremeten de nuevo contra Alfonso Sastre y contra II-SP. No bastaban las calumnias del ministro de Interior, el esperpéntico intento de ilegalización por parte del Tribunal Supremo, el acoso mediático previo a las elecciones, el fraude electoral… Para los herederos del franquismo y los hijos políticos de los GAL, la disidencia real es algo que hay que eliminar a cualquier precio, por todos los medios legales e ilegales, legítimos e ilegítimos. Aun a costa de hacer el ridículo, que es el mayor peligro que corren los que abusan de un poder respaldado por el dinero y la fuerza bruta. Aun a costa del supremo ridículo que supone llamar “matón” a Alfonso Sastre por recordarnos algo obvio, algo que el Gobierno sabe mejor que nadie: que solo hay un camino para acabar con ETA, y que ese camino pasa por cambiar las condiciones objetivas que propician la aparición de nuevos militantes. Aunque mañana fueran detenidos todos los etarras, dentro de unos meses podría haber un nuevo comando listo para prolongar la espiral de la violencia. ¿Es una amenaza decir algo tan evidente? Parece ser que sí. Parece ser que la ancestral costumbre de los tiranos neuróticos sigue vigente en la “España democrática”, y matar al mensajero produce un cierto alivio entre los que piensan con las vísceras.
Esta muerte no supone absolutamente nada. ¿Qué valor tiene la muerte de un desgraciado? El mismo valor que tuvo su nacimiento, cantaban Habeas Corpus. Esta muerte no servirá más que para añadir un nuevo nombre a la larga lista de fallecidos por culpa de la precariedad laboral.
La patronal, en su desmesurado afán de obtener beneficio a cualquier precio reduce costes a nivel de seguridad o higiene que a la larga acaban causando graves enfermedades o muertes de trabajadores. Falta de medidas de seguridad en obras o fábricas, insalubridad o mala ventilación en centros de trabajo, etc son las condiciones habituales con las que los trabajadores debemos lidiar en nuestro día a día, por no hablar de la presión tanto física como mental y emocional que suponen los abusos en nombre de la “alta productividad”.
La lengua de Castilla ya tiene nombre: castellano y no español. Hace unos veinte siglos, el Imperio Romano había culminado la conquista de la Península Ibérica. Después de la invasión, los romanos intentaron colonizar el territorio. Para ello, necesitaban que la población asimilara su civilización, ideas y costumbres. La tarea de transmisión de la ideología del Imperio se hacía imposible si no se hablaba la misma lengua. Y es que, la historia, la cultura de un pueblo van unidas a su lengua.
Castilla tenía ya por aquellas fechas, la suficiente entidad social, cultural y política para que los reinos vecinos, por conveniencia y no por imposición, aceptasen poco a poco sus modelos lingüísticos. En los siglos siguientes, la expansión del castellano fue fruto de una sociedad abierta, arriesgada,… se propagó aceptando, asimilando, dando participación…. fundió sus raíces con el burgalés, con el toledano de origen mozárabe, con el leonés…. Como consecuencia de un idioma que evoluciona, cada nueva generación -conglomerado de hablantes con distintas modalidades- abandona unos rasgos y adquiere otros.









