Archivos para Junio, 2008

Carretera del trueno

Publicado en Variedades con etiquetas el Junio 23, 2008 por Prometheus

Sabes, hace mucho que no lo hago. Tuve un amago de recaída pero fuerzas impulsadas por juramentos me impidieron hacerlo firme. Pero aquí estoy de nuevo. Soñando con ver como tu vestido ondula bailando en el portal, como una visión, mientras la radio suena. La desolación y el malestar se presentan como un preludio de eso que me da tanto miedo. Y como una reacción en cadena, aquí me encuentro haciéndolo de nuevo, escribiendo una vez más a causa de alguien que se convirtió en inspiración por la fuerza. O quizá por intimidación, esa intimidación que con sólo mostrarse ante nuestros ojos se basta para que cedamos a sus planes delirantes.

No encuentro más que temor, propio y ajeno. Un brazo blanco apoyado sobre un hombro negro me acompaña, y me encuentro mejor cuando me habla. Consigue que mi mente vuele allá donde quizá podamos coincidir sin saberlo, a donde pudimos haber coincidido intencionadamente. Donde todo estaba hecho y marcado, donde lo único que podíamos hacer es bajar la ventanilla y dejar que el viento lleve atrás tu pelo.

¿Sabes? moriría por decirte lo que añoro, pero no puedo. La obra comenzó actos atrás, y no podemos rehusar los papeles que elegimos, aunque se nos vengan grandes. Cruces de sólo tres mástiles me queman, y pronombres similares a un símbolo químico me persiguen. Recuerdo detalles que podrían pasar por meras invenciones a tus ojos, pero que son ensoñaciones a los míos.

Pienso en una carretera por la que nunca circulamos. La única redención que puedo ofrecerte se encuentra bajo este capó. Esos dos carriles nos llevarán a alguna parte, y tenemos una última oportunidad de hacerlo realidad.

Sé que es tarde. Pero podemos llegar si corremos.

Cómplices.

Publicado en Estado Español con etiquetas , el Junio 10, 2008 por Prometheus

Apoteosis. Maestro. Monstruo. Fenómeno. Soberbio. Son algunos de los adjetivos que se oyeron después de la faena de José Tomás en la Monumental de Las Ventas hace unas semanas, cuando salió por la puerta grande. Todos los periódicos de tirada nacional se hicieron eco de la hazaña y algunos incluso le dedicaron primeras páginas. Yo, como uno más, me uno a la sana costumbre española de adjetivar a cualquiera, y tras repasar la lista de calificativos vertidos sobre su persona, incluyo uno que no ha sido dicho todavía:

ASESINO.

Basta de barbaridades. Basta ya de torturar a un pobre animal hasta la muerte sólo por disfrute. La tauromaquia no es arte, sino asesinato. ¿Dónde está la valentía de los toreros? ¿La demuestran quizá, cuando se enfrentan a un toro con los cuernos limados, con grasa untada en los ojos, que ha estado encerrado durante días en un cubículo absolutamente a oscuras, con pesos en el cuello? ¿Por qué creemos que tenemos el derecho a quitarle  la vida a un animal sólo por entretenimiento? ¿Qué cultura es esa? La cultura del terror, del asesinato. ¿Qué clase de moralidad pueden inclulcar a sus hijos estas personas que justifican la muerte de otro ser porque sí? Yo no quiero esos valores para mis hijos. No quiero que vean a un hombre matar y torturar a un animal, y que vean que está bien.

Los aficionados a este acto asesino presumís de “amar al toro”. ¿No véis  acaso en cada corrida, en cada faena, a vuestro amado? ¿No véis el dolor en sus ojos? ¿La desesperación? Lo que yo leo en ellos es: “¿ por qué me hacéis ésto? ¿Qué mal os he hecho yo? soy inocente…” Una mirada que suplica perdón, entre vómitos de sangre por los órganos internos destrozados. Eso es lo que yo veo.

No… vosotros no amáis al toro. Nisiquiera creo que conozcáis el significado de esa palabra. Vosotros… vosotros sois cómplices. Cómplices del asesinato y de la barbarie. Mirad a los ojos de ese “nombre animal”, como tanto os gusta describirlo, y decidme si no véis su sufrimiento reflejado. Si no lo véis, no tenéis corazón.

Os alarmáis ante noticias que hablan sobre peleas de perros, de gallos. Sobre perros abandonados, maltratados o incluso violados. Pero sin embargo aplaudís la tortura de un toro. Su humillación pública es vuestra humillación como personas, y nuestra vergüenza a nivel nacional. Sois unos hipócritas desalmados.

Disfrutar con la agonía de un ser vivo es un acto moralmente repugnante. Basta ya de tortura y asesinato impune. Toreros, asesinos; taurinos, cómplices.