Carretera del trueno

Sabes, hace mucho que no lo hago. Tuve un amago de recaída pero fuerzas impulsadas por juramentos me impidieron hacerlo firme. Pero aquí estoy de nuevo. Soñando con ver como tu vestido ondula bailando en el portal, como una visión, mientras la radio suena. La desolación y el malestar se presentan como un preludio de eso que me da tanto miedo. Y como una reacción en cadena, aquí me encuentro haciéndolo de nuevo, escribiendo una vez más a causa de alguien que se convirtió en inspiración por la fuerza. O quizá por intimidación, esa intimidación que con sólo mostrarse ante nuestros ojos se basta para que cedamos a sus planes delirantes.

No encuentro más que temor, propio y ajeno. Un brazo blanco apoyado sobre un hombro negro me acompaña, y me encuentro mejor cuando me habla. Consigue que mi mente vuele allá donde quizá podamos coincidir sin saberlo, a donde pudimos haber coincidido intencionadamente. Donde todo estaba hecho y marcado, donde lo único que podíamos hacer es bajar la ventanilla y dejar que el viento lleve atrás tu pelo.

¿Sabes? moriría por decirte lo que añoro, pero no puedo. La obra comenzó actos atrás, y no podemos rehusar los papeles que elegimos, aunque se nos vengan grandes. Cruces de sólo tres mástiles me queman, y pronombres similares a un símbolo químico me persiguen. Recuerdo detalles que podrían pasar por meras invenciones a tus ojos, pero que son ensoñaciones a los míos.

Pienso en una carretera por la que nunca circulamos. La única redención que puedo ofrecerte se encuentra bajo este capó. Esos dos carriles nos llevarán a alguna parte, y tenemos una última oportunidad de hacerlo realidad.

Sé que es tarde. Pero podemos llegar si corremos.

Escribe un comentario