Leo en Mallorcadiario.com que los Ministros de Interior y Defensa no han querido visitar a los familiares de los dos guardias civiles muertos en el último atentado sin la presencia de cámaras ni fotógrafos de la prensa. Por si me cabía alguna duda, puedo constatar ante este acto vil y repugnante la utilidad de las víctimas del terrorismo para el Estado.
Stalin dijo que un muerto era una tragedia y que mil eran una estadística. Estoy totalmente convencido de ello, visto lo visto. A día de hoy las víctimas del terrorismo no son para el Estado más que un número más en la lista, un arma que pueden utilizar. Siempre he considerado que las víctimas del terrorismo han sido usadas por los dos partidos gobernantes para ganar votos, obtener beneficio político y para apuñalarse unos a otros (tal y como quedó constatado ante la vergonzante política de oposición llevada a cabo por parte del PP durante la última tregua).
A los políticos ya no les apesadumbra la muerte de nadie (si es que alguna vez les pesó). Saben que con cada nueva muerte tienen la posibilidad de tocar la fibra sensible de las masas, ponerlas a su favor y manipular sus sentimientos para guiarlas por el camino que ellos quieran, para hacer más fáciles sus propósitos. Una muerte, unida a una hábil campaña de propaganda calumniadora es un poderoso aval para ejecutar una acción que en cualquier otra circunstancia sería sonrojante. De forma similar a como el gobierno de EEUU templó a las masas mediante el miedo en los días posteriores al 11-S para realizar un recorte de libertades brutal, el Estado español usa el rechazo de la violencia de la sociedad y la sensibilidad humana hacia la muerte para mantener sus actos antidemocráticos por un lado, y para continuar sus políticas liberales por otro.
Convertir en la preocupación número uno de los ciudadanos al terrorismo, preocupación en un grado inversamente proporcional a las posibilidades de ser víctima de un atentado es quizá el mayor logro del Estado español desde que murió el dictador. Reformas laborales que perjudican al trabajador, destrucción del medio ambiente y el empleo en zonas rurales, privatización de sectores importantes como educación o sanidad… pasan de tapadillo mientras se exalta el sentimiento antiterrorista. A día de hoy puedo decir sin que me tiemble la voz al hacerlo, que la existencia de la violencia y el terrorismo favorece al Estado y a los partidos del sistema.
Ya no sólo existen víctimas de primera y de segunda. Es que la supuestas víctimas de primera ya no reciben nisiquiera un trato humano.
Ante los dos últimos atentados realizados por ETA en el Estado español, concretamente en Burgos y Mallorca, debemos volver a exigir una salida dialogada para el conflicto vasco, y un diálogo entre todas las fuerzas políticas de la sociedad, pues realmente esa es la única solución viable para la espiral de violencia que vivimos actualmente. De no ser así, mucho me temo que la espiral de violencia no cesará, y continuarán produciéndose víctimas, tanto de un bando, como de otro.









